El concepto de desarrollo es abordado desde una perspectiva crítica y deconstructivista, frente a los discursos etnocentristas que han dado forma al concepto de desarrollo y a la construcción del Tercer Mundo. Construcción ceñida a un proceso de organización y transformación de acuerdo a esquemas europeos y norteamericanos (EEUU) que han conducido a una representación de Asia, África y America Latina como regiones subdesarrolladas o tercermundistas. Escobar analiza el desarrollo como un discurso de poder y un régimen de representación. Discurso que tiene un sustrato material y geopolítico en sus orígenes (comienzos de los 50s) asociado a políticas internacionales intervencionistas y homogeneizadoras de parte de EE.UU. principalmente, pero que luego colonizó el pensamiento o la forma de representar al resto del mundo desde occidente. Tales políticas se han traducido en intervenciones de carácter pragmático y de representación a nivel económico, militar, político y ciertamente cultural. El discurso del desarrollo ha ido de la mano de una serie de estrategias y “políticas programáticas”, impulsadas por organismos internacionales como el Banco Mundial y apoyadas y reforzadas internamente desde los distintos Estados-Nación que conforman este Tercer Mundo. Estrategias cargadas con promesas “desarrollistas” de mayor crecimiento económico y mejor distribución de la riqueza. Sin embargo, vemos que a lo largo de su historia desde la época de posguerra hasta el día de hoy, y situados al margen de las “engañosas” cifras de crecimiento económico, éste no ha logrado cumplir con tales promesas. El discurso del desarrollo y sus políticas económicas y culturales enfocadas hacia un solo tipo de crecimiento evolutivo y que encuentra su paradigma de perfección en las naciones “desarrolladas”, no ha podido terminar con la inequidad económica, la segregación social y los episodios de hambruna en países de America Latina y África principalmente, sino que por el contrario, su visión homogeneizadora en más de algún momento solo las ha acentuado. Para Escobar el análisis del desarrollo en términos discursivos, permite visibilizar sus mecanismos de dominación (similar a lo que sucedía con los primeros análisis marxistas) y enfocarse sobre sus efectos más penetrantes. Además de favorecer la individualización del desarrollo como un “espacio cultural envolvente” (Escobar) permitiendo un distanciamiento teórico y metodológico, para así acceder a diferentes percepciones y lecturas sobre él. Teóricamente se ha intentado distinguir sobre la naturaleza del desarrollo, y en lo concerniente a la política ha habido propuestas de tipos de desarrollo que apuntan a resolver problemas de forma regionalizada. En esta línea Escobar hace referencia al surgimiento de contradiscursos de parte de teóricos, políticos y activistas sociales que se oponen a un desarrollo exclusivamente capitalista, proponiendo conceptos alternativos como: otro desarrollo, desarrollo participativo o desarrollo socialista. Conceptos que no obstante su crítica explícita al modelo desarrollista no son capaces de contrarrestar la implantación del concepto de desarrollo como una “certeza en el imaginario social” (Escobar) o si quiera cuestionar su realidad omnipresente porque se inscriben dentro de su misma lógica de pensar/representar el mundo. De los 80s en adelante se ha abierto un camino para visiones críticas apoyadas en nuevos instrumentos analíticos que intentan desarticular la lógica de una realidad colonizada por representaciones dominantes como la que ha impuesto el discurso del desarrollo, donde Escobar destaca la teoría de Foucault sobre los discursos y la naturaleza del poder. La que ha contribuido, entre otras cosas, a visibilizar los mecanismos mediante los cuales un orden de discurso puede legitimar o condenar los modos de pensar y percibir la realidad. Esto, sumado a estudios que analizan el carácter y los efectos de procesos coloniales y poscoloniales, de autores...
continuacion... Para Escobar el análisis del desarrollo en términos discursivos, permite visibilizar sus mecanismos de dominación (similar a lo que sucedía con los primeros análisis marxistas) y enfocarse sobre sus efectos más penetrantes. Además de favorecer la individualización del desarrollo como un “espacio cultural envolvente” (Escobar) permitiendo un distanciamiento teórico y metodológico, para así acceder a diferentes percepciones y lecturas sobre él. Teóricamente se ha intentado distinguir sobre la naturaleza del desarrollo, y en lo concerniente a la política ha habido propuestas de tipos de desarrollo que apuntan a resolver problemas de forma regionalizada. En esta línea Escobar hace referencia al surgimiento de contradiscursos de parte de teóricos, políticos y activistas sociales que se oponen a un desarrollo exclusivamente capitalista, proponiendo conceptos alternativos como: otro desarrollo, desarrollo participativo o desarrollo socialista. Conceptos que no obstante su crítica explícita al modelo desarrollista no son capaces de contrarrestar la implantación del concepto de desarrollo como una “certeza en el imaginario social” (Escobar) o si quiera cuestionar su realidad omnipresente porque se inscriben dentro de su misma lógica de pensar/representar el mundo. De los 80s en adelante se ha abierto un camino para visiones críticas apoyadas en nuevos instrumentos analíticos que intentan desarticular la lógica de una realidad colonizada por representaciones dominantes como la que ha impuesto el discurso del desarrollo, donde Escobar destaca la teoría de Foucault sobre los discursos y la naturaleza del poder. La que ha contribuido, entre otras cosas, a visibilizar los mecanismos mediante los cuales un orden de discurso puede legitimar o condenar los modos de pensar y percibir la realidad. Esto, sumado a estudios que analizan el carácter y los efectos de procesos coloniales y poscoloniales, de autores como Said (Orientalismo), Mudimbe, Mohanty y Bhabha, han enfatizado sobre la necesidad de una mirada más crítica sobre las formas de pensamiento y construcción del Tercer Mundo. ....
Escobar usa estos documentos y sus análisis para establecer las relaciones de dominación que un discurso de representación tiene sobre la construcción de conocimiento y subjetividades colectivas. Construcciones de representación que se instalan no solo desde afuera, no se trata solo del Norte “modelando” el Sur sino que son representaciones adoptadas y naturalizadas desde adentro también, desde la propia unidad representada dada la eficacia hegemónica de su discurso. Algunos de estos trabajos, como el de Chandra Mohanty, se focalizan en áreas de investigación bastante específicas y desde una perspectiva cultural y de género, como la representación de la mujer en un escenario “tercermundista”. Su estudio se pregunta sobre quién y desde qué postura epistemológica se aborda la producción de conocimiento con respecto a esta mujer no europea. Ella señala que gran parte de la bibliografía feminista proveniente del norte construye la imagen de una “mujer promedio” en base a estudios principalmente cuantitativos. Y donde la mujer es (somos) representada como un ser frustrado, lleno de problemas y carente de opciones, una mujer conservadora y sexualmente restringida; y “en su carácter tercermundista es ignorante, pobre y sin educación…lo que contrasta con la representación implícita de la mujer occidental como educada, moderna, en control de su cuerpo y su sexualidad…” (Mohanty 1991, citada por Escobar). Representaciones como éstas, claramente, contribuyen a la construcción de un imaginario de subalternidad y a la perpetuación de la idea hegemónica de superioridad occidental sobre aquellas regiones no europeas. Dentro de la manera en que Escobar aborda el concepto del desarrollo y la construcción del tercer mundo también hay referencias y una sensación de respaldo (teórico-activista) a las posturas contra hegemónicas, especialmente, a aquellas anidadas al interior de movimientos sociales y organizaciones comunitarias. Posturas que dentro de sus intereses particulares son capaces de sintetizar un principio de cuestionamiento y/o rechazo al discurso del desarrollo en favor de la preservación de su autonomía e identidad cultural. Estas posturas pueden perfectamente ser enmarcadas dentro de políticas alternativas, regionales y/o locales que aseguren igualmente niveles de prosperidad económica sin dejar de lado sus historias particulares. También se percibe, en el texto de Escobar, un llamado a la antropología a profundizar sobre la deconstrucción del discurso del desarrollo y su régimen de representación a través de estudios cualitativos y la elaboración de nuevas lecturas acerca de los mecanismos de poder y dominación actuales.
El concepto de desarrollo es abordado desde una perspectiva crítica y deconstructivista, frente a los discursos etnocentristas que han dado forma al concepto de desarrollo y a la construcción del Tercer Mundo. Construcción ceñida a un proceso de organización y transformación de acuerdo a esquemas europeos y norteamericanos (EEUU) que han conducido a una representación de Asia, África y America Latina como regiones subdesarrolladas o tercermundistas.
ResponderEliminarEscobar analiza el desarrollo como un discurso de poder y un régimen de representación. Discurso que tiene un sustrato material y geopolítico en sus orígenes (comienzos de los 50s) asociado a políticas internacionales intervencionistas y homogeneizadoras de parte de EE.UU. principalmente, pero que luego colonizó el pensamiento o la forma de representar al resto del mundo desde occidente. Tales políticas se han traducido en intervenciones de carácter pragmático y de representación a nivel económico, militar, político y ciertamente cultural.
El discurso del desarrollo ha ido de la mano de una serie de estrategias y “políticas programáticas”, impulsadas por organismos internacionales como el Banco Mundial y apoyadas y reforzadas internamente desde los distintos Estados-Nación que conforman este Tercer Mundo. Estrategias cargadas con promesas “desarrollistas” de mayor crecimiento económico y mejor distribución de la riqueza. Sin embargo, vemos que a lo largo de su historia desde la época de posguerra hasta el día de hoy, y situados al margen de las “engañosas” cifras de crecimiento económico, éste no ha logrado cumplir con tales promesas. El discurso del desarrollo y sus políticas económicas y culturales enfocadas hacia un solo tipo de crecimiento evolutivo y que encuentra su paradigma de perfección en las naciones “desarrolladas”, no ha podido terminar con la inequidad económica, la segregación social y los episodios de hambruna en países de America Latina y África principalmente, sino que por el contrario, su visión homogeneizadora en más de algún momento solo las ha acentuado.
Para Escobar el análisis del desarrollo en términos discursivos, permite visibilizar sus mecanismos de dominación (similar a lo que sucedía con los primeros análisis marxistas) y enfocarse sobre sus efectos más penetrantes. Además de favorecer la individualización del desarrollo como un “espacio cultural envolvente” (Escobar) permitiendo un distanciamiento teórico y metodológico, para así acceder a diferentes percepciones y lecturas sobre él.
Teóricamente se ha intentado distinguir sobre la naturaleza del desarrollo, y en lo concerniente a la política ha habido propuestas de tipos de desarrollo que apuntan a resolver problemas de forma regionalizada. En esta línea Escobar hace referencia al surgimiento de contradiscursos de parte de teóricos, políticos y activistas sociales que se oponen a un desarrollo exclusivamente capitalista, proponiendo conceptos alternativos como: otro desarrollo, desarrollo participativo o desarrollo socialista. Conceptos que no obstante su crítica explícita al modelo desarrollista no son capaces de contrarrestar la implantación del concepto de desarrollo como una “certeza en el imaginario social” (Escobar) o si quiera cuestionar su realidad omnipresente porque se inscriben dentro de su misma lógica de pensar/representar el mundo. De los 80s en adelante se ha abierto un camino para visiones críticas apoyadas en nuevos instrumentos analíticos que intentan desarticular la lógica de una realidad colonizada por representaciones dominantes como la que ha impuesto el discurso del desarrollo, donde Escobar destaca la teoría de Foucault sobre los discursos y la naturaleza del poder. La que ha contribuido, entre otras cosas, a visibilizar los mecanismos mediante los cuales un orden de discurso puede legitimar o condenar los modos de pensar y percibir la realidad. Esto, sumado a estudios que analizan el carácter y los efectos de procesos coloniales y poscoloniales, de autores...
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ResponderEliminarPara Escobar el análisis del desarrollo en términos discursivos, permite visibilizar sus mecanismos de dominación (similar a lo que sucedía con los primeros análisis marxistas) y enfocarse sobre sus efectos más penetrantes. Además de favorecer la individualización del desarrollo como un “espacio cultural envolvente” (Escobar) permitiendo un distanciamiento teórico y metodológico, para así acceder a diferentes percepciones y lecturas sobre él.
Teóricamente se ha intentado distinguir sobre la naturaleza del desarrollo, y en lo concerniente a la política ha habido propuestas de tipos de desarrollo que apuntan a resolver problemas de forma regionalizada. En esta línea Escobar hace referencia al surgimiento de contradiscursos de parte de teóricos, políticos y activistas sociales que se oponen a un desarrollo exclusivamente capitalista, proponiendo conceptos alternativos como: otro desarrollo, desarrollo participativo o desarrollo socialista. Conceptos que no obstante su crítica explícita al modelo desarrollista no son capaces de contrarrestar la implantación del concepto de desarrollo como una “certeza en el imaginario social” (Escobar) o si quiera cuestionar su realidad omnipresente porque se inscriben dentro de su misma lógica de pensar/representar el mundo. De los 80s en adelante se ha abierto un camino para visiones críticas apoyadas en nuevos instrumentos analíticos que intentan desarticular la lógica de una realidad colonizada por representaciones dominantes como la que ha impuesto el discurso del desarrollo, donde Escobar destaca la teoría de Foucault sobre los discursos y la naturaleza del poder. La que ha contribuido, entre otras cosas, a visibilizar los mecanismos mediante los cuales un orden de discurso puede legitimar o condenar los modos de pensar y percibir la realidad. Esto, sumado a estudios que analizan el carácter y los efectos de procesos coloniales y poscoloniales, de autores
como Said (Orientalismo), Mudimbe, Mohanty y Bhabha, han enfatizado sobre la necesidad de una mirada más crítica sobre las formas de pensamiento y construcción del Tercer Mundo.
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Escobar usa estos documentos y sus análisis para establecer las relaciones de dominación que un discurso de representación tiene sobre la construcción de conocimiento y subjetividades colectivas. Construcciones de representación que se instalan no solo desde afuera, no se trata solo del Norte “modelando” el Sur sino que son representaciones adoptadas y naturalizadas desde adentro también, desde la propia unidad representada dada la eficacia hegemónica de su discurso.
ResponderEliminarAlgunos de estos trabajos, como el de Chandra Mohanty, se focalizan en áreas de investigación bastante específicas y desde una perspectiva cultural y de género, como la representación de la mujer en un escenario “tercermundista”. Su estudio se pregunta sobre quién y desde qué postura epistemológica se aborda la producción de conocimiento con respecto a esta mujer no europea. Ella señala que gran parte de la bibliografía feminista proveniente del norte construye la imagen de una “mujer promedio” en base a estudios principalmente cuantitativos. Y donde la mujer es (somos) representada como un ser frustrado, lleno de problemas y carente de opciones, una mujer conservadora y sexualmente restringida; y “en su carácter tercermundista es ignorante, pobre y sin educación…lo que contrasta con la representación implícita de la mujer occidental como educada, moderna, en control de su cuerpo y su sexualidad…” (Mohanty 1991, citada por Escobar). Representaciones como éstas, claramente, contribuyen a la construcción de un imaginario de subalternidad y a la perpetuación de la idea hegemónica de superioridad occidental sobre aquellas regiones no europeas.
Dentro de la manera en que Escobar aborda el concepto del desarrollo y la construcción del tercer mundo también hay referencias y una sensación de respaldo (teórico-activista) a las posturas contra hegemónicas, especialmente, a aquellas anidadas al interior de movimientos sociales y organizaciones comunitarias. Posturas que dentro de sus intereses particulares son capaces de sintetizar un principio de cuestionamiento y/o rechazo al discurso del desarrollo en favor de la preservación de su autonomía e identidad cultural. Estas posturas pueden perfectamente ser enmarcadas dentro de políticas alternativas, regionales y/o locales que aseguren igualmente niveles de prosperidad económica sin dejar de lado sus historias particulares.
También se percibe, en el texto de Escobar, un llamado a la antropología a profundizar sobre la deconstrucción del discurso del desarrollo y su régimen de representación a través de estudios cualitativos y la elaboración de nuevas lecturas acerca de los mecanismos de poder y dominación actuales.
Carolina Garrido